Capítulo 1 – El aborto

Hoy he aprendido con ellos que hay que disfrutarles todo lo que puedas y más, porque es verdad el dicho: “CRECEN MUY RÁPIDO”.

Hablando con una amiga bloguera estos días sobre nuestras inquietudes, le dije que no estaba últimamente muy inspirada y que me estaba costando mucho centrarme y escribir. Hicimos como un mini brainstroming de temas que podría tocar y de repente, ¡me entro unas ganas inmensas de hablar sobre mi maternidad que cumpliría pronto 5 años!

Han pasado volando y tengo la sensación de que, si no escribo ahora sobre mis vivencias, será tarde y me olvidaré de detalles preciosos que seguro, me gustará volver a leer en unos años. ¡Así que ya no me enrollo más y empiezo! Espero que os guste este viaje por mi maternidad.

Empiezo.

 

Ya tenía 34 años y llevábamos juntos un poco más de 3 años. Éramos la segunda pareja estable de ambos, así que las cosas entre nosotros iban más rápido de lo normal por estar suficientemente escaldados y acostumbrados a la vida de pareja. Juan tiene 10 años más que yo, por eso decidimos que ya era hora de dar el paso y empezamos a buscar nuestro bebé. 

Me quedé embarazada muy rápido. Estaba asustada con todo lo que eso significaba… mi vida, no nuestra vida, cambiaría para siempre y eso no es algo que uno interiorice con facilidad.

Tanto Juan cuanto yo, teníamos trabajos que consumían muchas horas de nuestro día, yo viajaba mucho y el tenía que cuidar de su negocio. Sin hablar que estábamos en plena crisis económica y Juan parecía llevar siempre una cuerda en el cuello.

 Pero no tardó 3 semanas que vino la pesadilla. Fuimos a una de las revisiones rutinárias, la primera ecografía, y mi Mundo se vino abajo. Nos confirmaban que el feto no presentaba latidos. 

 Fue uno de los peores días de mi vida. No sabía lo que pensar, hacer… me quedé catatónica ante una noticia para nada esperada. Juan no parpadeaba, no sabría decir lo que le pasó por la cabeza, nunca le pregunté sobre el tema, pero creo que no querría volver a revivirlo jamás.

 La ginecóloga, viendo que estábamos afectados, intentó de la mejor manera posible hablar sobre lo que teníamos que hacer a partir de ahora. Tenía que elegir entre un raspado, o ponerme Cytotec y esperar a que se expulsara de manera “natural”. Elegí la segunda opción. 

Esa misma noche, con la medicina en mis manos, me introduje las pastillas por la vagina y lloramos juntos hasta que el sueño me venció. Pasadas unas horas me desperté del dolor que tenía, no podía moverme, me dolía muchísimo. Decidimos volver al hospital, estaba muy asustada con la cantidad de sangre que salía y las contracciones que tenía.

Llegando ahí, no fuí recibida con respeto, había muchas mujeres pariendo y la enfermera lo único que hizo fue mirarme y decirme… “¿Que haces tú aquí?” 

Me pasaron y me dejaron en una sala de partos. Sentía tanto dolor, tantísimo, que ya no recuerdo lo que pasó, solo que me dieron una medicina tan fuerte que dejé de gritar.

Juan me preguntó: “¿Ya no te duele cariño?” Y le contesté: “Grito sin sonido, estoy gritando internamente…” y acto seguido, expulsé el coágulo.

Volvimos a casa y dormí muchas horas. Cuando desperté, todavía sentía que estaba embarazada, sabía que tardarían en desaparecer los síntomas. Una inmensa tristeza llenaba mi casa. Necesitábamos desconectar y salir adelante. 

Al día siguiente, volví a trabajar e intenté durante semanas volver a mi rutina. Teníamos muy claro que seguiríamos intentando quedarnos embarazados con toda la ilusión del Mundo.
Sin embargo, fueron pasando los meses y nada… mi cabeza jugaba en nuestra contra.

La ginecóloga me pasó unas pastillas, que no eran más que hormonas, y después de 2 meses tomándolas… ¡¡¡POSITIVO!!!

¡¡¡¡Nos quedamos embarazados de Adrià!!!! 

 Fin del Capítulo 1 – Parte I

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