Capítulo 5 – Exterogestación y Mis Comienzos Como Mamá Porteadora

He aprendido con ellos que del mismo modo que las mamás canguros llevan a sus cachorros dentro de su saquito, la naturaleza nos muestra que las madres humanas también debemos mantener a nuestros bebés cerca. De hecho, “los infantes humanos en realidad permanecen indefensos más tiempo que los bebés de cualquier otra especie y, al igual que algunos marsupiales, también debe pasar por un período distinto de la gestación fuera del útero” (Elizabeth Antunovic).

Los bebés humanos nacen y los separan de su madre, pero todavía requieren proximidad para su desarrollo sano, físico, emocional y psicológico estar 100% en contacto con las personas que le quieren y que le protegerán pase lo que pase.

Te cuento mis comienzos como Mamá Porteadora.

Empiezo


Fue, después de leer mucho y hablar mucho con algunas mamás que porteaban sus hijos, que el Porteo entró en nuestras vidas como yo, sinceramente, nunca hubiese imaginado. Ya porteaba a Adrià, habíamos empezado tempranito con solo 1 mes de vida, pero no tiraba tanto de los “trapos” – así llamamos las adictas a los fulares y demás portabebés – como hice con Paula. Con ella se me abrió El Mundo Maravilloso Del Porteo y sin duda, uno de los mejores y más divertidos años de mi maternidad.

Elegir que utilizar, fue una tarea muy estresante. La industria del bebé es enorme y hay innumerables artilugios no ergonómicos, asientos y métodos artificiales que intentan reemplazar a una madre. Yo, por ejemplo, fuí una de las mamas primerizas que compró todo y más, pensando en lo que podría pasar a mi bebé…vaya, como si viviera yo en un pueblo aislado en medio de los Pirineos…una ida de olla como una Catedral.

Creo que las madres estamos tan abrumadas con las opciones que hay hoy en día, que nos quedamos atrapadas en la elección, en lugar de considerar por qué estos elementos se utilizan en primer lugar. A pesar de que traté de resistir a la compra de artefactos, a pesar de la advertencia de mis amigas de que no usaría mi cunita preciosa como camita de mi bebe, (al final fue de gran utilidad como baúl de juguetes), la compre con toda ilusión del mundo… ¿y que paso?  Tanto Adrià cuanto Paula, se negaron tajantemente a acostarse en cualquier otro lugar que no fuera en mi pecho o de su padre.

“La naturaleza destinada a los bebés para estar con sus madres, especialmente en un momento en que su cerebro crecerá más que cualquier otro momento en sus vidas.” (Elizabeth Antunovic)

Cuando estaba embarazada de Paula, una amiga mía Natalia de Pikorua Baby, me hablo de la exterogestación, compartiendo conmigo un artículo de Elizabeth Antunovic que me llamó mucho la atención. Con él y con información que ya tenía, tuve certeza de que mi “adicción a los trapos” solo traía beneficios a mis hijos, sea por el contacto cercano que tenía con ellos, sea por lo tranquilos que estábamos los dos cuando anudaba sus cuerpecitos a mi cuerpo. Descubrí que las madres y los bebés comparten una relación especial, llamada díada (dyad en inglés), en la que reparten información vital y necesaria para ambos. Sin hablar de la conexión que se crea entre madre e hijo.

A través del estrecho contacto que teníamos, los cuerpos de mis niños tenían regulada su temperatura, su función cardiovascular, sus ritmos del sueño, su función inmune y sus niveles hormonales (Antunovic). Vaya, ahora mismo me están entrando unas ganas locas de enseñar ese capítulo a los opinólogos de turno, que te cantan las 40 por llevar a TU hijo “colgado” todo el rato. ¡Chasca!!!! ¡Dejarnos en Paz de una vez!

Volviendo a lo que les decía, miro hacia atrás y pienso en los momentos en que mis niños dormían sobre mí, con mi pezón en la boca o en algún portabebé que tengo. Como actualmente, mi empoderamiento. Como actualmente, me empoderamiento está a nivel máximo, pienso en las épocas en que casi, digo casi, caí en la trampa de trasladarlos a dormir a su cuna, pienso en las muchas veces que dudé de los métodos de crianza que había elegido y que me agotaban a niveles que nunca había pensado pasar, solamente por dormir poco y consolar a mis niños mientras se ajustaban a la vida fuera del vientre de su madre.

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“El nacimiento no sólo constituye el comienzo de la vida de la persona, sino que conlleva el final de la gestación. El nacimiento representa una serie compleja y muy importante de cambios funcionales que sirven para preparar a los recién nacidos para el paso por el puente entre la gestación en el útero y la gestación que continuará fuera del útero.“ (Montagu, 1986, 57)

Experimenté la dificultad de las “crisis de crecimiento”, lo mal que lo pasé, con los más de 2 años de lactancia materna de Paula – aunque siendo Asesora de Lactancia lo pasé bastante mal con su manera peculiar de mamar – y la total incomodidad de la dentición, que vaya que no dolía cuando jugaban con la “teta elástica”.

Sin embargo, me siento orgullosa de mi misma, por NO dar nunca atención a las dudas, los consejos persistentes o las expectativas de los demás. Yo estaba allí para mis hijos. Les ayudé, les consolé y les abracé mucho para facilitar su transición a este mundo. Aún lo hago y seguiré haciendo hasta que ellos me lo permitan.

Recuerdo una noche, mientras amamantaba a Paula en un sitio público, ella permanecía enganchada mientras dormía para aliviar su dolor por la dentición, y sus dientes rozaban mi pezón con cada mamada, pero, y sin quererlo, me di cuenta que otra madre, cuyo hijo debería tener menos de 2 años de edad, me miraba con melancolía y a la vez comentaba a su marido, que había perdido esos días, la lactancia, el porteo, los dientes… todo.

En ese momento me sentí afortunada, pero a la vez tenía un sentimiento de rabia hacia el mundo que vivimos. ¿Cómo puede tener la sociedad, algunos médicos, el algún que otro personal sanitario, tan poca consideración por ese momento tan delicado de la vida de una mujer? Seguramente es uno de los momentos en que estamos más sensibles y vulnerables, el día que pasas a ser Madre.

Claro está que en el viaje por la maternidad hay y habrá días muy difíciles, días de calma y días de alegría, pero cada fase es sólo eso: una fase, un momento en el tiempo. Mamas escuchadme por favor: no importa lo mal que se siente una, vale la pena todo ese esfuerzo. Hazlo por ti y por el bienestar emocional y psicológico de tu hijo/s. Considéralo desde la perspectiva de tu bebé, que, a pesar de que cuando nace se les corta el cordón umbilical y los separan de nosotras, todavía necesitan nuestra cercanía por otros nueve meses más (¡al menos!).

Así que os pido un favor, NUNCA dejes a tu bebé solito sin tu toque y la comodidad de estar cerca de ti. Llévalo a todos lados contigo y creedme esa fase pasará y la echarás muchísimo de menos! Yo estoy pasando por ella en ese momento y siendo muy sincera con vosotras, me está costando muchísimo asumirlo. Miro a mi alrededor y no veo más bebés y si niños independientes que quieren descubrir el Mundo, corretear por todos lados y quedarse rendidos, en el suelo, junto a sus juguetes.

Fin del Capítulo 5