Capítulo 4 – Mi Parto en Casa

Hoy he aprendido con ellos, que las mujeres debemos saborear y celebrar el embarazo como el milagro que es… Un momento para escuchar nuestro cuerpo y conectar con la vida.
Tu útero ha sido elegido para comenzar una nueva historia, una leyenda personal, única e irrepetible… La de tu hijo.

Ahora, la inmensidad está dentro de ti creándose con la misma perfección que lo hizo el Universo.

Estaba embarazada nuevamente, y dentro de poco llegaría Paula a nuestras vidas.

Empiezo.

ceu

Había decidido que ninguna futura madre que conocía, pasaría por lo que pasé yo con mi lactancia. Tenía clarísimo que quería hacer el curso de Asesora de Lactancia de FELDAMA, aunque eso me supusiera pasar fuera de casa unos cuantos sábados lejos de mi familia.

Fue a través de ese curso que conocí a Montse, una mamá de Castellbisbal que también le fascinaba el mundo de la lactancia materna. Nos hicimos muy buenas amigas, aunque seguramente por mi culpa, no nos vemos tanto como deberíamos.

Un sábado, sentada, esperando que empezara el curso, me levanté por cuarta vez para ir al lavabo. Montse me miró extrañada y dijo: “No estarás embarazada, ¿verdad?”
Mi cara era un poema. Me quedé pensativa un instante y le dije que no creía que lo estuviera. Pero me dirigí de nuevo al lavabo con la duda.

Aquella noche compré un test de embarazo y le dije a mi marido: “Mañana me haré un test para ver si estoy embarazada o no.” Él me miró sorprendido, aunque éramos conscientes de que estábamos buscando un segundo embarazo. Él a lo mejor pensó que no podría haber pasado tan rápido cuando con Adrià tardamos más de 1 año en conseguirlo.

¡POSITIVO! Estaba embarazada por segunda vez. 

 Durante mi curso o, hasta antes de empezar, tenía claro los errores que había cometido en mi anterior embarazo y deseaba que todo fuera de otra manera esta vez. Ya era asesora, mi entorno había cambiado y me rodeaba de personas que pensaban como yo para empoderarme cada vez más.

 Teníamos y tenemos todavía un grupo de Whatsapp donde hemos llorado, peleado, pero principalmente seguimos apoyándonos y creyendo firmemente en nuestra filosofía de vida.

Decidí que mi parto sería en casa. Estaba muy segura con mi decisión, solo tenía que “convencer” a papá de que era muy seguro para mí y para nuestra hija. Le llevé hasta “Nèixer a Casa” para hablar con la comadrona que me ayudaría en mi parto, Inma Marcos.

Para nuestra sorpresa, mía y de Inma, Juan estaba convencido de que sería lo mejor, principalmente para mí. Confiaba en que nunca pondría la vida de nuestra hija y la mía en peligro. Empezamos a prepararnos para el gran día. Había muchas cosas que pensar, reflexionar y gestionar, sin olvidarnos de que Adrià todavía era un bebé y nos necesitaba muchísimo.

Mi embarazo iba perfectamente, lo único que me entristecía era no poder jugar con Adrià como antes, llevarle al parque como a mí me gustaría, no poder correr detrás de un bebé de 19 meses con mi súper tripa, porque me era imposible. Lamentablemente, tenía un sentimiento de culpa que me consumía.

 Era un sábado por la tarde y empecé a sentir que algo había cambiado. Empezaban las contracciones cada 10 min. Entré en pre-parto.

 Juan y yo empezamos poco a poco a preparar nuestra casa para el parto. Salimos a comprar comida para las comadronas, repasamos el listado que nos habían dado… Estábamos listos.

Esa noche no conseguí conciliar el sueño, me dolían las contracciones y tenía miedo al dolor. Otra vez el aborto se hacía presente en mi vida. A las 06:00h de la mañana, María ya estaba en mi casa ayudándome con el parto. Las contracciones venían a cada 5 min y yo no dilataba.

Eran ya las 23h, estábamos solos Juan y yo esperando que llegara Inma. María acababa de irse a descansar…mi parto no tenía pinta de terminar tan pronto. Sentía mucho dolor, tenía mucho miedo del dolor, pero a la vez, estaba viviendo una de las experiencias más alucinantes de mi vida. En ningún momento se me pasó por la cabeza ir al Hospital. Quería seguir, quería sentirlo y quería vivirlo.

Pedí a Inma cambiarnos de sitio y llenamos mi bañera con agua bastante calentita, pusimos toallas en el fondo para que yo estuviese mas cómoda, encendimos unas velitas dentro de unas piedras de sal mientras sonaba la lista de música que había creado durante aquellos nueve meses. Seguimos Juan, Inma y yo.

El silencio solo se rompía cuando venían las contracciones. Inma me había enseñado un mantra para ayudarme a dilatar y lo “cantaba” cada vez con más fuerza. Mi hija estaba llegando.

Habían pasado ya 35 horas de parto, María había llegado y yo sentía que Paula quería conocernos ya. Me entraron ganas de empujar, pero no se lo comenté a Inma. Pasado un tiempo ella me dijo que si empezaba a empujar durante las contracciones el dolor disminuiría, sin saber que por instinto ya lo estaba haciendo.

La piscina de parto ya estaba llena en mi salón y yo dilatada de 10 cm… ¡Estaba lista y lo sabía! Fuí a la piscina y ahí sentí lo que era parir. El poder que tiene la mujer de soportar tanto dolor y, a la vez, disfrutar de un parto respetado, silencioso, amoroso… Fue increíble.

parto

Paula ya coronaba, y en la siguiente contracción me concentré tanto deseando conocerla que nada pudo pararme. Empujé con todas mi fuerzas, y en ese momento, nació mi hija.

La tenía en mis brazos tras 37 horas de parto natural. La tenía en mis brazos tras desear un parto como ese. La tenía en mis brazos y nunca más nos separaríamos. La conexión fue inmediata. La tenía en mis brazos mamando mientras alumbraba mi placenta

Fin de la Parte I.