Capítulo 2 – La cesárea programada

Hoy he aprendido con ellos que la felicidad nunca viene sola, y en ese segundo capítulo de “El Viaje Por Mi Maternidad”, os contaré como fue mi primer embarazo, mis dudas, mis temores, mis pensamientos, mi soledad acompañada…

En 9 meses iba a convertirme en madre primeriza y no tenía ni idea, creo que como todas, cómo mi “princeso”cambiaría de una manera alucinante mi vida.

Empiezo.

cesarean

Ahí estaba el positivo en mis manos y no podía creer que pronto sería madre. MADRE. Qué palabrita tan pequeña, y sin embargo, cuánto significado contiene. Una fuerza, un no sé qué, que la vuelve tan inmensamente grande.

Envié un Whatsapp a mis dos mejores amigas, Tatiana y Mônica, con la foto del test de embarazo… Eran las 06:00h de la mañana y estaba tan feliz que no mi di cuenta de lo temprano que era (perdonadme de nuevo, chicas), quienes me llamaron sin dudar y se unieron a la euforia y la alegría que sentía en aquel momento.

Fui a trabajar sabiendo que nada sería lo mismo, que entraría por la puerta de la oficina seguramente con otra cara, la de embarazada, radiante e inmensamente feliz.

Juan y yo tardamos mucho en dar la buena noticia a nuestros familiares y amigos. Solo lo sabían mis dos amigas. Mi chico ya había cambiado, tenía tal rostro de papá que consiguió sin proponérselo, enamorarme más de él cada día.

Mi embarazo iba bien hasta que llegamos a la semana 16, creo recordar, cuando lo empecé a pasar bastante mal. Con vómitos, mareos… Lo típico. Ya no podía esconder más el embarazo. Mi tripa ya despuntaba y definitivamente, tenía un rostro de embarazada que daba gusto.

Decidímos dar la “buena nueva” de que esperaba a un niño, Adrià. La fecha de parto estaba prevista para principio de marzo, concretamente el 13/3/13.

Todo seguía su rumbo, Adrià ganaba peso y crecía. La verdad que, quitando las náuseas y los mareos que insistieron en acompañarme hasta el final, me sentí muy bien.

Al llegar la semana 33 empecé mi curso de preparto. Hasta esa fecha no había pensado en el parto, en la lactancia, en cómo me organizaría… Todo lo que pensaba era en hacer su habitación, comprarle el cochecito, ropitas… Vamos, las mil y una cosas que suele comprar una primeriza.

Empecé a tener miedo. Miedo del dolor que podría pasar. Me acordaba del aborto y no quería pasar por lo mismo. Aquellos dolores eran inhumanos. Estaba aterrorizada a tal punto que, aunque tenía a Adrià súper encajado, decidí pedir una cesárea programada. Sinceramente, no era consciente de lo que había pedido, lo único que me movía era el pánico por volver a sufrir, y la falta de información jugaba en mi contra.

Mi ginecóloga no se opuso a mi petición en ningún momento. Iba a dar a luz en uno de los Hospitales más “prestigiosos” de Barcelona y creo que estaban ya acostumbrados a ese tipo de pedidos. Mal por mí, pero peor por ellos. En ningún momento me informaron de lo que significaba una cesárea, que no dejaba de ser una cirugía y que, como tal, conllevaba sus riesgos para mí, y principalmente,  para mi hijo.

Adrià nacería el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y ahí estábamos a las 07:00h de la mañana. Me prepararon, y fue en ese momento cuando mi Mundo se vino abajo. Estaba muy agobiada, lloraba mucho y ni siquiera podía pronunciar palabra. Me llevaron al centro quirúrgico. Todas éramos mujeres dentro de la sala. Ya me había tranquilizado y a las 11:17h tuve a mi niño en mis brazos. Era Madre. Desde ese momento y para siempre, sería madre.

Tras tres horas separada de mi hijo, finalmente me lo trajeron y subimos a la habitación. No había visto a Juan, en ese Hospital no dejaban que la pareja estuviera dentro del quirófano acompañándote en el momento más bonito de la vida de dos personas. Le robado a Juan la ilusión de ver a su primer hijo nacer.

Papá estaba perdido por el hospital y yo estaba sola, por primera vez, con mi hijo. Mi niño dormía plácidamente. Yo estaba hipnotizada y no podía parar de mirarle. Juan finalmente logró encontrarnos y unirse a aquel fantástico momento. Ya no estábamos solos él y yo. Eramos 3.

Fin del Capítulo 2